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Hoy visite una lectura de mujeres poetas, todas unas idioteces, nada me gusto realmente, solo palabrería vacía, mucho peor de lo que yo escribo, quien les dio el reconocimiento me pregunte incontables veces mientras las escuchaba repetir hasta el cansancio el trillado lenguaje metafórico que más se acerca al “choro” que a la poesía, sin embargo un No! Golpeo como piedrazo mi mente, no son idioteces me dijo, ¿no lo son? Me pregunte a mí misma, tal vez no, tal vez  la idiota soy yo, yo soy quien no sabe entender el exquisito placer de escuchar poesía. Recordé de pronto aquel viejo sueño el que en primera instancia me arrastro hasta aquel encuentro, el de ser escritora recuerdas?, claro que recuerdas, cómo no recordar ese fugaz sueño de juventud que parecía tan real ante las llamas de la pasión con que lo contaba, esas llamas sin embargo se han extinguido lentamente y dentro mío quedo ese inmenso vacío, esa frustración ahogada de no poder expresar con palabras todas las ideas que bailan en mi cabeza, a razón de lo mismo es que comencé a creer que esa idiotez que me empecinaba en ver dentro de los rostros de las oradoras no era más que un envidia tan cegadora que engrasaba mi vista y tergiversaba mis pensamientos. Las envidio es verdad, porque no logro poner dos palabras conjuntas, porque escribo y leo y reheleo y nada de lo que hago me gusta, no me entiendo, no encuentro el camino, no sé donde perdí el sendero limpio y me sumergí en un mundo que gira con la economía, no sé donde abandone los sueños y la utopías y me decidí por vivir en el mundo real, la realidad no tiene nada, ni la mas mínima pisca de gracia de aventura de alegría, tu mejor que nadie entiende esa parte de a “todo le tiro y a nada le pego”, tu mejor que nadie entiendes todas las cosas que digo; siempre me decías que éramos tan diferentes recuerdas?, si lo somos, somos eternamente diferentes y aun así solo a ti quiero compartirte cada tarde lo que pienso lo que siento y lo que vivo, solo a ti porque siempre me respondes de la peor manera y aun así siento que me entiendes, porque siempre me llena de cólera tu forma grosera enferma y estúpida de menospreciar mis historias. No me encuentro a mí misma, no encuentro el camino, no lo quiero ver, o me aferro a uno que no existe. Como me gustaría escuchar ahora alguna de tus idioteces para llenarme de rabia, y convertir mi rabia en valor y luchar, luchar por demostrarte lo contrario. Que vergüenza me da decirlo, como extraño esa forma tuya de alentar.

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